
Cuántas imágenes que intentan interpretar una realidad, mantenerla a través de los años en cada una de nuestras memorias para que la lucha que siglo tras siglo ha llevado a cabo gente inocente y humilde, no pase desapercibida y sirva de ejemplo para los conflictos actuales, sin embargo, ¿somos concientes de la magnitud de las injusticias ocurridas?, ¿somos capaces de mirar tras de aquellas "imágenes", tras de esa cara sucia y sudada casi lastimera?... no siempre nos damos cuenta de toda la realidad social que interpreta aquel proletario abusado por la mano capitalista, aquel obrero que alzó su voz y se manifestó por lograr un mejor futuro, que a pesar de su temor a dar a conocer su situación y desafiar al burgués explotador, se organizó y luchó por intentar un mejor destino.
Fue un viernes 13 de 1907, cuando la salitrera de san Lorenzo comenzó su movilización, no perderían nada solo exigían sus derechos laborales, ya estaban cansados de tanto abuso y todos con su espíritu lleno de esperanzas esperaban hablar con el intendente pero este se ausentó y los pampinos acordaron emprender el viaje hacia iquique a primera hora del siguiente día aunque eso significara caminar más de 80 kilometros bajo un sol penetrante y con poca agua.
El sábado 14 de diciembre a las 4 de la madrugada, como de costumbre los pampinos iniciaron su día que ya no era igual. "(...)Ya no eramos solo un puñado de obreros de la oficina de san Lorenzo mendigando un aumento de salario al gringo de la cachimba, sino que, de la noche a la mañana conformando una gran masa de gente soñadora, nos habíamos convertido en una especie de ejercito salitrero libertador(...)".
Familias enteras se dirigieron en dirección oeste por la línea férrea, con el sol penetrante en sus caras, la arena ardiente bajo sus pies, la sed y el llanto constante de los niños fatigados por el hambre y el calor, animaron aun más a la muchedumbre y un sentimiento generalizado de hermandad y solidaridad los embarga. En aquel momento no hay otra meta puesta en los ojos de los pampinos, solo el deseo de que sus sueños se hagan realidad .
Tras arduas horas de caminata entonando cantos de lucha y gritando a viva voz los puntos que exigían, los pampinos llegaron a la ciudad iquiqueña, pese a que el recibimiento no fue el que se esperaban, los obreros no se desesperanzaron y exigieron respuestas inmediatas , las autoridades le plantearon posibles respuestas en 8 días y mientras debían volver a las salitreras, los obreros se negaron y permanecieron en la ciudad por lo que le fueron otorgadas la escuela Santa María para que alojaran, pero este recinto daba a basto para mil personas y los huelguístas que había hasta ese momento eran alrededor de 6000, y cada vez se les sumaban más, por lo que se hospedaron también en un circo o en algunas casas de personas que solidarizaban con los huelguístas mientras que otros dormían en la calle o en la orilla de la playa por lo maravillado que quedaban los que jamás habían visto el mar. La situación se ponía cada vez más compleja por no poder controlar la higuiene de cada pampino por la ausencia de baños y duchas públicas y la escacez de agua y de alimentos, pero los pampinos no cedieron y sus intereses siguieron intactos.
